Ubicada entre colinas ondulantes y arroyos brillantes en el suroeste de Sri Lanka se encuentra la Reserva Forestal de Sinharaja, el último bosque tropical de tierras bajas continuo del país y una ventana a una era prehistórica ya desaparecida. Este sitio Patrimonio Mundial de la UNESCO se extiende por casi 9.000 hectáreas y está atravesado por una densa red de ríos y arroyos que fluyen tanto hacia el norte como hacia el sur. La región es una de las más húmedas del país y alberga una vegetación excepcionalmente exuberante.
Un bosque rebosante de vida – flora y fauna
La vegetación de la Reserva Forestal de Sinharaja es excepcionalmente diversa y ofrece un impresionante panorama de exuberancia tropical. En los valles y en las laderas bajas dominan los imponentes dipterocarpáceos, cuyas copas casi cubren por completo el cielo y constituyen la familia de árboles predominante en los bosques tropicales del sudeste asiático. Entre ellos crecen palmeras como Loxococcus rupicola, junto con una abundancia de helechos, lianas y orquídeas que trepan y se adhieren a troncos y ramas. Muchas de estas plantas son endémicas de Sri Lanka y solo se encuentran en estado silvestre en este bosque.
La fauna también presenta una diversidad impresionante. Sinharaja es famosa por sus comunidades de aves, que a menudo se desplazan en bandadas mixtas, lideradas por la característica urraca azul de Sri Lanka (Cissa ornata). Además, este bosque alberga coloridas mariposas, numerosos anfibios y reptiles, así como mamíferos raros como el langur de cara púrpura (Semnopithecus vetulus) y el leopardo de Sri Lanka (Panthera pardus kotiya) (1, 3).
El raro langur de cara púrpura (izquierda, © Ko Hon Chiu Vincent) y la especie vegetal endémica Dipterocarpus zeylanicus (derecha, © Leonora Enking).
Seres humanos y selvas tropicales – uso e impacto
Más de 39 pueblos, con una población total de más de 5.000 personas, se encuentran en los límites de la selva de Sinharaja. Las comunidades que viven allí son predominantemente cingalesas de Kandy y practican el budismo. Para ellas, el bosque no solo es una fuente vital de sustento, sino que también posee un profundo significado cultural y espiritual. En las creencias tradicionales, actos como matar animales o talar árboles dentro del bosque se consideran especialmente graves.
Muchos hogares cultivan pequeñas parcelas con té, arroz o verduras y obtienen productos del bosque. La palma kitul es especialmente importante, ya que su savia se transforma en azúcar de palma (jaggery), melaza y vino de palma, una tradición transmitida de generación en generación. El ratán para cestas y muebles, así como el cultivo de cardamomo en el sotobosque, también son económicamente relevantes. Además, se practica la agricultura de roza y quema (chena), y las comunidades recolectan frutas, plantas medicinales y fibras para su propio consumo.
Esta estrecha relación entre las personas y la selva tropical demuestra la diversidad de sus usos y pone de relieve la importancia de su protección (1, 2).
La Reserva de la Selva Tropical de Sinharaja se encuentra en el suroeste de Sri Lanka. © https://www.jstor.org/stable/1787913
Amenazas para la selva tropical de Sinharaja
A pesar de su estatus como Patrimonio Mundial de la UNESCO, la selva de Sinharaja enfrenta numerosas amenazas, como la deforestación para la agricultura y los asentamientos, la tala ilegal y la minería de piedras preciosas. La expansión de carreteras y otras infraestructuras también contribuye a la fragmentación del bosque. En las últimas décadas, las áreas urbanizadas en los bordes de la zona protegida han aumentado considerablemente, no solo para usos residenciales y comerciales, sino también para proyectos turísticos, ejerciendo una presión adicional sobre este frágil ecosistema.
Además, los cambios climáticos también afectan notablemente a Sinharaja. Los estudios muestran un aumento de las temperaturas en los límites norte y sur del bosque, junto con cambios significativos en los patrones de precipitación. Aunque aún no se ha observado una tendencia general a la disminución de las lluvias, existen indicios de sequedad en zonas con vegetación densa. Estos procesos pueden afectar a largo plazo la estructura del bosque y la estabilidad del ecosistema (2, 3).
Protección y gestión
La selva de Sinharaja goza del más alto nivel de protección legal en Sri Lanka como Área Silvestre de Patrimonio Nacional desde 1988, y grandes partes ya fueron declaradas reserva forestal en 1875. Además, es Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde 1978 y Patrimonio Mundial desde 1988. El Departamento Forestal, bajo la supervisión del Ministerio de Tierras y Desarrollo Territorial, es responsable de su gestión. Las medidas de conservación se basan en planes de gestión detallados que consideran por igual la protección de la naturaleza, la investigación científica, la gestión de zonas de amortiguamiento y la participación de las comunidades locales.
Gracias a su ubicación remota y montañosa, el bosque permaneció en gran medida intacto durante mucho tiempo. Hoy en día, las visitas están estrictamente reguladas y solo son posibles con permiso, con el fin de preservar a largo plazo el valor ecológico de este patrimonio natural único (4).
Autor: Robert Delilkhan
Referencias
(1) Baker, J. R. (1937). The Sinharaja rain-forest, Ceylon. The Geographical Journal, 89(6), 539–551. https://www.jstor.org/stable/1787913
(2) Daskon, C. D. (2010). Human impacts on rain forests in Sri Lanka: The case of “Sinharaja” forest reserve. Sri Lanka Forester, 31(1–2), 11–30.
(3) Samarasinghe, J. T., Gunathilake, M. B., Makubura, R. K., Arachchi, S. M. A., & Rathnayake, U. (2022). Impact of Climate Change and Variability on Spatiotemporal Variation of Forest Cover; World Heritage Sinharaja Rainforest, Sri Lanka. Forest Science, 6(1). https://doi.org/10.24259/fs.v6i1.18271
(4) UNESCO World Heritage Centre (o. J.). Sinharaja Forest Reserve. Abgerufen am 14. August 2025, von https://whc.unesco.org/en/list/405/